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Cuento para dormir - El gallo y la gallinita

Cuentos para dormir

El gallo y la gallinita

En un corral vivía un gallo con su gallinita. El gallo se pasaba casi todo el día arreglándose las plumas de colores, y la gallinita corría por el corral buscando comida para los dos. Un día decidieron hacer algo distinto y se fueron al bosque a buscar fresas. Quedaron en que se repartirían cada fresita que encontraran. La gallinita no tardó en encontrar una fresita bien roja y la compartió con el gallo, como habían dicho.

Al rato, el gallo también encontró una fresita, pero no quiso compartirla y se la zampó él solito a toda prisa, para que la gallinita no se diera cuenta. Pero la fresa era demasiado grande, se le atascó en la garganta y el gallo no podía respirar. —Gallinita, por favor, tráeme un poco de agua de la fuente, que me ahogo —le suplicó con un hilo de voz.

La gallinita se fue corriendo a la fuente: —Fuente, fuentecita, dame un poco de agua para mi gallo, por favor. Está en el bosque, patitas arriba, ¡ay, que se me muere, que no respira!

—Te daré agua, pero cuando me traigas un pañuelo grande de la costurera. El sol me da todo el día y necesito sombra, que si no me seco —le contestó la fuente.

Así que la gallinita salió corriendo a casa de la costurera: el pañuelo era para la fuente, y la fuente le daría agua para el gallo. Cuando llegó, le suplicó a toda prisa:

—Costurera Anita, dame un pañuelo para la fuente, por favor. Ella me dará agüita para mi gallo. Está en el bosque, patitas arriba, ¡ay, que se me muere, que no respira!

La costurera estaba dispuesta a darle el pañuelo, pero solo si le traía unos zapatos nuevos del zapatero.

Y esta vez la gallinita se fue corriendo a casa del zapatero. En cuanto llegó, le suplicó: «Zapatero Mateo, dame unos zapatitos nuevos para la costurera Anita, por favor. Ella me dará un pañuelo, el pañuelo se lo daré a la fuente y la fuente me dará agüita para mi gallo. Está en el bosque, patitas arriba, ¡ay, que se me muere, que no respira!».

—Te daré unos zapatos nuevos para la costurera, pero me hacen falta unas cerdas del cerdito. Si me las traes, son tuyos.

Así que la gallinita corrió a ver al cerdito para pedirle unas cerdas. El cerdito dijo que sí, pero solo si le llevaba un poco de nata de la vaquita.

Entonces la gallinita fue a ver a la vaquita. La vaquita le prometió la nata a cambio de un poco de hierba del prado. La gallinita corrió al prado y le pidió un poco de hierba para la vaquita. —Te daré hierba, pero antes tienes que pedirle al cielo un poco de rocío para que me refresque —le prometió el prado.

La pobre gallinita, que ya no podía más, levantó los ojos al cielo y dijo con una vocecita suplicante: «Cielo, cielito, dame un poco de rocío para el prado, por favor. El prado me dará hierba para la vaquita, la vaquita me dará nata para el cerdito, el cerdito, cerdas para el zapatero, el zapatero, zapatos para la costurera, la costurera, un pañuelo para la fuente, y la fuente me dará agüita para mi gallo. Está en el bosque, patitas arriba, ¡ay, que se me muere, que no respira!».

Cuando el cielo vio a la pobre gallinita, le dio mucha pena y mandó un poco de rocío sobre el prado. ¡Por fin alguien ayudaba a la gallinita sin pedirle nada a cambio!

Ahora el prado le dio a la gallinita un poco de hierba con mucho gusto. Con la hierba, la gallinita corrió a ver a la vaquita, que le dio la nata, y la nata se la llevó deprisa al cerdito. Del cerdito corrió con las cerdas al zapatero, que le dio unos zapatitos, y los zapatitos se los llevó corriendo a la costurera. La costurera le dio el pañuelo y, con él, se fue volando a la fuente. La fuente le dio agua, y la gallinita corrió con el agua hasta el gallo y le dio de beber. La fresa que tenía atascada se le resbaló suavecito hasta la barriga. El gallo se levantó de un salto y cantó con todas sus fuerzas: «¡Quiquiriquí!». Y desde entonces, siempre lo compartió todo con su gallinita, tan buena y tan sacrificada.

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