En la linde del pueblo, junto al bosque, vivían en una pequeña casita un abuelo y una abuela. Juntos arreglaban y mantenían la casa día tras día, y de vez en cuando la abuela preparaba alguna delicia para el abuelo. Una mañana, el abuelo se despertó con un deseo irresistible de comerse un bollito, entonces le pidió a la abuela si podía preparárselo.
La abuela, queriendo complacer al abuelo, se puso manos a la obra, pero se dio cuenta de que no tenía harina. El impaciente abuelito encontró enseguida la solución y dijo: «Abuela, barre todos los restos de harina del granero; seguro que al final habrá suficiente». Así lo hizo la abuelita y reunió la harina justa para hacer un delicioso bollito. Añadió levadura, leche y un huevo, lo endulzó un poco, amazó hasta que quedó suave y la dejó reposar para que la levadura hiciera su efecto. Después añadió en su interior una deliciosa mermelada casera y formó un bollito regordete; puso el aceite a calentar y sumergió la masa hasta que se doró. El bollito era un verdadero poema. ¡Y cómo olía! Pero aún estaba demasiado caliente, así que la abuela lo puso en la ventanita para que se enfriara un poco.

Mientras el bollito se enfriaba, empezó a aburrirse, así que decidió saltar del alféizar y marcharse a conocer mundo; siguió el sendero que se adentraba en el bosque.
No tardó en toparse con una liebre de largas orejas, que al ver al bollito las agitó y se relamió golosamente. El bollito dijo: «No me comas, liebre, te cantaré una canción», y en seguida se puso a cantar.
—Yo, pequeño bollito,
con harina barrida del granero,
relleno de mermelada,
dorado en aceite,
en la ventana enfriado,
me escapé del abuelo,
me escapé de la abuela,
¡y de ti, liebre, también me escaparé!
Apenas terminó de cantar la última nota, el bollito rodó a toda velocidad, antes de que la liebre pudiera darse cuenta de lo que ocurría.
Pero no rodó muy lejos cuando de repente se topó con el lobo gris.
—Grrrr, grrr —gruñó el lobo y le mostró los dientes al bollito.
«Lobo, no me comas, te cantaré una canción». El lobo cerró a regañadientes la boca y observó con desconfianza al bollito, esperando a ver qué sucedía. Mientras el bollito cantaba, el lobo se quedó escuchando y entrecerró los ojos.
—Yo, el pequeño bollito,
con harina barrida del granero,
relleno de mermelada,
dorado en aceite,
en la ventana enfriado,
me escapé del abuelo,
me escapé de la abuela,
me escapé de la liebre, ¡y de ti, lobo, también me escaparé!
El lobo ni siquiera tuvo tiempo de abrir los ojos y el bollito ya se había alejado rodando, quién sabe adónde. Mientras seguía rodando, se encontró con un oso peludo que no tardó en estirar su enorme y peluda zarpa hacia él. Pero el bollito no se dejó atrapar y enseguida exclamó: «¡No me comas, oso, mejor escucha mi canción!». Y se puso a cantar:
—Yo, el pequeño bollito,
con harina barrida del granero,
relleno de mermelada,
dorado en aceite,
en la ventana enfriado,
me escapé del abuelo,
me escapé de la abuela,
me escapé de la liebre,
me escapé del lobo,
¡y de ti, oso, también me escaparé!
Y desapareció.
Rodó otro rato más y se encontró con una zorra astuta y pelirroja. Ella lo observó enseguida con admiración y no escatimó en halagos: «¡Qué bien hueles, bollito! ¡Y qué redondito y reluciente eres!»
El bollito, ya diestro en estrategias para escapar, entonó su canción:
—Yo, el pequeño bollito,
con harina barrida del granero,
relleno de mermelada,
dorado en aceite,
en la ventana enfriado,
me escapé del abuelo,
me escapé de la abuela,
me escapé de la liebre,
he escapado del lobo,
he escapado del oso,
y de ti, zorrita, también me escaparé ¡sin ningún problema!
—¡Qué canción tan bonita, bollito! —Elogió enseguida la zorra el canto del bollito—. Qué pena ser tan vieja que no oigo tan bien como antes… ¿No podrías saltar sobre mi hocico y cantarla una vez más? Así la oiría mejor.
El bollito se hinchó aún más de orgullo al oír a la zorra alabar su canto. Sin pensarlo dos veces, saltó al hocico del animal para recibir otro cumplido y comenzó su canción:
—Yo, el pequeño bollito,
con harina barrida del granero…
Y de pronto la zorra hizo chas y se tragó entero al bollito de un solo bocado.